-Ya estoy aquí-dijo, mientras alcanzaba la mano de ella. Se acercó más, hasta estar solo a unos milímetros de su cara. Le acarició suavemente el rostro y el pelo y le besó la frente, feliz de volver a estas junto a ella, feliz de que el corazón de ella estuviera aun latiendo. Después de todo lo habían conseguido. Ella le tocó despacio la cara con la mano, casi tímida. Él cogió su mano y la besó, pero al sentir el tacto cálido y húmedo no puedo evitar mirarla. Sus dedos estaban impregnados en sangre, sangre que lamía sus marmóreas manos, hasta llegar a su codo, donde se abalanzaban al vacío. La apartó de él y entonces lo vio, vio la sangre que brotaba de su vientre y vio como ella le miraba apenada y no pudo evitar aquél alarido que surgió del fondo de sus pulmones.- ¡Acabaré contigo, hermano! Aunque sea lo último que haga.
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