
Miré mi rostro en el espejo de mi abuela. Me fijé en los ojos de la chica del otro lado del cristal.¿Cuando cambié tanto? Mi cara parecía otra bajo todo aquel maquillaje.
-El aburrimiento - dijo Anaïs leyéndome el pensamiento. Sabía que no era verdad , pero aparté el espejo.
-Deberías utilizar tus poderes para las carreras de caballos - le sonreí.
-Ha llegado alguien que quiere conocerte, corre , es muy apuesto - se sonrojó mientras me lo decía , era tan poco propio de ella , pero tomé su brazo y volvimos a la sala de baile.
-Eran cien libras, ¿no?
-¿Cien?
-O apuestas o no apuestas Marc.
-Que sean doscientas cincuenta - Paul apareció junto a Marc y Charles.
-Acepto - Charles sonrió , iban a ser las doscientas cincuenta libras más fáciles de toda su vida , no en vano le conocían como el soltero rompe corazones de Londres. Se pasó la mano por su pelo rubio y se adentró en la sala. Una chica le sonrió , estaba bastante acostumbrado al exceso de atención , pero cuando intentaba cumplir un "reto" buscaba esquivar las miradas de las damas.
-Alessya , este es Charles - Anaïs hizo una reverencia y desapareció cogida del brazo de Paul ,su "prometido".
-Encantado de que me reciba - sus ojos verdes parecían buscar algo en mi así que decidí sonreír, esperando que esa fuera la respuesta que el buscaba.
cuento nº tres.
Author: IWantAMoustache /un cuento de ángeles
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El silencio se hizo eterno.
Se había lanzado a por la espada y tres segundos y un par de arañazos después esa espada la atravesaba.
El ángel de la muerte estaba a punto de morir. Que patético , pensó mientras miraba al humano que la había traicionado.
Ella se le había entregado en cuerpo y alma y él la estaba condenando a la oscuridad el resto de su existencia. Eso era mucho tiempo.
Alec la estaba mirando fijamente. Le dolía ver como brotaba la sangre cual vino de su esbelta figura. Pensó que no debería haber sucedido así. El no debía tener piedad con un ángel oscuro, no debía sufrir al verla morir poco a poco.
El fuego le abrasaba por dentro pensando que Marcus podría no haberlo elegido a él, y así no podría haber evitado la catástrofe.
Pero ella seguía mirando a aquel inútil que la había vendido por su miserable vida, ella le seguía queriendo a pesar de todo.
- Paúl , entregame la espada - dijo mirando al joven - ¡Ahora!
El cuerpo de Clary se estremeció al sentir el filo de la espada de nuevo. Alec la había agarrado de la cintura y la estaba posando en el suelo.
Tenia miedo. Todos sus recuerdos se alejaban de ella, recordaba el rostro de Charles, su hermano, pero sus facciones se difuminaban suavemente.
Alec agarró al chico por el cuello de la camisa.
-Ya has acabado. ¿Tienes un ultimo deseo antes de ir al infierno?- le dijo sonriendo
-Prometiste que me dejarías vivir.
-¿Crees que tu vida es mas importante que la suya, miserable? - le zarandeó en el aire - Si la he matado ha sido para salvare la vida. ¡Eso es querer a alguien incondicionalmente! Tu la has vendido por unas tristes décadas de vida.¡ Yo estoy arriesgando la mía , y lo llevo haciendo desde que se fijó en ti, inútil! - la ira le estaba controlando, así que Alec tomó unas bocanadas de aire para tranquilizarse. - Rezaré por tu vida- dijo finalmente y le atravesó el corazón con la espada.
cuento nº dos.
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Se limpió el hilillo de sangre con el brazo. Estaba cansado , extenuado. Su mente le decía que debía seguir luchando pero su cuerpo se oponía con todas sus fuerzas.
El castigo impuesto se debía a que él, en un ataque de ira , decidió enfrentarse a ellos por matarla.
Por apagar la única luz que le guiaba en la vida, por haberla destruido de una manera tan cruel, tan inhumana.
Se sorprendió al describirlos con esa palabra. No podía esperar de ellos algo humano , ya que no lo eran.
Eran seres crueles ,sádicos, promiscuos, impulsivos y sobretodo eran invencibles.
Pero el prefería morir antes de rendirse a sus pies. Ya sabia que le iban a matar, pero en su ensimismamiento poco a poco se encendía la chispa de la rebeldía.
Unos pasos firmes se acercaron a su celda. Dos hombres y una mujer bajaban las húmedas escaleras que llevaban al calabozo. El hombre alto de ojos oscuros llevaba a la joven en brazos, una chica de unos 17 años , pálida y con el pelo negro carbón que le recordaba a Michel tanto a ella. Unos ojos verdes se posaron en el y la joven se estremeció sin decir nada. El otro hombre abrió la puerta con una llave oxidada y miró molesto a su compañero de ojos negros, que posó a la joven suavemente en el suelo.
La chica intentó no fijarse en Michel, pero cada pocos minutos aquellos trozos de libertad , como los describía él , se posaban intranquilos en su herida.
-¿Estas bien?-preguntó intentando distraerla.
-Sobreviviré por ahora - dijo la joven esbozando una sonrisa que intentaba disimular el dolor y el odio que quemaba su corazón.- Cosa que no se si tu harás
-Cierto - Michel había olvidado como era eso de sonreír , pero la sensación de reírse de la muerte le llenó por un segundo una pequeña parte del agujero que su perdida le había provocado.

Contemplé el suelo.
Los ojos se me llenaban de lágrimas poco a poco. Me arrodille junto a la tumba en la que se podía leer su nombre. Eran las 9 letras que más quemaban mi corazón, las únicas que me hacían sonreír cuando estaba triste y las que ahora despedazaban mi corazón.
Me limpié las lágrimas y saqué del bolso el único libro que me podría ayudar en ese momento.
- Volveré a mirarte a los ojos, volveremos a estar juntos aunque eso signifique vender mi alma- aquellas palabras me hicieron sonreír.
Me senté junto a una estatua de mármol negro y contemplé el reflejo de la luna en el pequeño estanque rodeado por viejos sauces.
-¿Cómo te atreves?- unos ojos negros se clavaron en los míos.
-Así que nos sigues honrándonos con tu presencia, pequeña - sus ojos rojos recorrieron la senda que llevaba al estanque - Bonita noche - susurro.
Miré a Ángelo a los ojos, esos ojos que me abrasaban cada vez que intentaba leerlos, y me levanté despacio con el libro en la mano.
-¿Quieres que te consiga ese libro Angelo? Dame tres segundos - Marc desenvainó su espada
-Quiero que te vayas. ¡Ya!
Marc me miró una última vez a los ojos y desapareció.
Ángelo se sentó junto a una tumba y me sonrió.

El viento penetraba por las ventanas de la vieja mansión de la colina. Estaba situada en el claro más alto del bosque, apartada de la vista de curiosos. Solamente cinco personas conocían su existencia y tres de ellas yacían en el foso común del jardín junto al rosal.
Las pequeñas llamas de las velas danzaban al ritmo de las frías ráfagas del viento. El olor de la noche bañaba la habitación. Las fantasmagóricas sombras rodeaban al único habitante de la casa. Charles llevaba veinte años preparándose para su gran destino. Sus padres habían muerto cuando el tenía tan solo dos años y fue entonces cuando conoció la oscura leyenda de la casa de la colina. Dos días después del asesinato de sus padres Lucian se presentó en el orfanato, dijo ser su tío y se lo llevó. Fueron a la iglesia que ahora se encontraba a menos de cinco minutos de la casa si conseguías encontrar el sendero correcto. Lucian , como se dio cuenta Charles años después , había sido victima de su propia mente. Era el sacerdote del pueblo , una persona que conocía el ansía de sabiduría tan bien como Charles , pero que no podía calmar su deseo con simples libros , y eso fue lo que le llevó a donde estaba ahora , enterrado a diez metros bajo tierra con una herida en el pecho por donde su corazón , y a la vez su alma , fueron liberados un frío día de febrero.
Las oraciones que el sexto rezaba en voz baja retumbaban en la gran habitación. Ruidos extraños , como los de objetos que precipitadamente caen al suelo o son golpeados con premura para no dejar ningún rastro provenían del piso de arriba.
La voz de Charles se fue haciendo cada vez más alta ya qué el miedo empezaba a invadirlo y el único que podía salvarlo era la última persona viva que conocía la casa y Martin se encontraba a miles de kilómetros de distancia.
-Aún no. ¡No ha llegado aún mi hora!
Una ráfaga repentina de viento apagó la tenue luz de las velas y un silencio sepulcral se asentó en la casa.
