Solo dos semanas atrás había empezado el instituto, había vuelto a la normalidad después de un largo verano. Pero ahora no entendía nada, ¿por qué estaba tirada en el suelo de lo que parecía un sótano? ¿Por qué no me podía mover por el dolor si solo tenía una herida abierta en la pierna?
Era un infierno y solo quería salir. Desde luego esos dos hombres vestidos de negro tenían algo que ver, pero desde que me desperté no se movieron de la mesa de madera maciza
-¿Qué? - tenía muchas más preguntas , pero no tenía fuerzas para decir nada mas
-Ya se ha despertado, ¿qué quieres que haga? , contestó el más bajito.
- Por ahora nada , queda poco para saber la verdad
Entonces pasó algo increíble
- ¡Es su hija! , gritó el segundo.
Y el muro del lado este de la habitación voló por los aires. Entraron un hombre vestido con una túnica dorada y un chico joven vestido de negro.
El hombre levantó la mano y sin decir ni siquiera una palabra, como lo hacían los magos de la tele, los dos secuestradores chocaron contra la pared cerca de mí.
- Cógela, Alec, y sácala de aquí, enseguida salgo.
Alec se acercó a mí y me cogió en brazos.
- No te preocupes ya estas a salvo.
Y lo sentía, estaba a salvo, pero no podía dejar de pensar que Alec, que tenía solo un par de año más que yo, me levantaba como a una pluma. Sentía como me ruborizaba dado que sus ojos de color avellana oscuro con matices rojos nadaban en los míos. Pero no podía dejar de mirarlos, parecían un espejo.
Decidí que no iba a dar esa imagen de mí a mis héroes, y aunque me dolía todo, decidí pedirle a Alec que me dejara andar
- Te dije que no te preocuparas, ¿o es que te resulta incomodo viajar así?
- No … No es eso
Bajé la mirada, sabía que no lo decía en serio ¿es que se dio cuenta de que disfrutaba de esos momentos? Me puse roja otra vez, me di cuenta por su sonrisa picarona, increíble, me leía como a un libro abierto.
En fin, tenía que aguantarme y aparentar que no me dolía nada, me ayudó mucho el que mi pierna se había dormido, aunque suponía que no era nada bueno
- ¿Estas bien pequeña? - me preguntó el hombre de la túnica
No sé lo que me había molestado más, que me llamara pequeña o que me distrajera de los preciosos ojos de Alec.
Hoy en día se considera que una persona es maleducada si te mira fijamente a los ojos, pero Alec miraba alrededor, como si estuviera preocupado por algo, así que decidí que podía otorgarle unos minutos de atención a mi otro héroe.
- Sí, estoy bien, teniendo en cuenta que no me puedo mover - sonreí, volvía a ser yo.
- Soy el rey de todo lo que ven tus ojos, sonrió
¿Por qué un rey me salvaría a mí?
- Pues es una larga historia, en cuanto estés mejor te lo contaré todo, ahora solo descansa- y me pasó la mano por la frente para quítame el flequillo que actuaba como una cortina para que sus ojos o los de Alec no supieran lo que me pasaba por la cabeza o como me sentía – duerme pequeña.
Me entró el pánico, la cara de Alec se alejaba de mí, como una ángel de la guardia que se desvanece en cuanto te despiertas, me sentía vacía y desesperada, como si todo fuera un sueño.

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