Contemplé el suelo.
Los ojos se me llenaban de lágrimas poco a poco. Me arrodille junto a la tumba en la que se podía leer su nombre. Eran las 9 letras que más quemaban mi corazón, las únicas que me hacían sonreír cuando estaba triste y las que ahora despedazaban mi corazón.
Me limpié las lágrimas y saqué del bolso el único libro que me podría ayudar en ese momento.
- Volveré a mirarte a los ojos, volveremos a estar juntos aunque eso signifique vender mi alma- aquellas palabras me hicieron sonreír.

Me senté junto a una estatua de mármol negro y contemplé el reflejo de la luna en el pequeño estanque rodeado por viejos sauces.

-¿Cómo te atreves?- unos ojos negros se clavaron en los míos.
-Así que nos sigues honrándonos con tu presencia, pequeña - sus ojos rojos recorrieron la senda que llevaba al estanque - Bonita noche - susurro.
Miré a Ángelo a los ojos, esos ojos que me abrasaban cada vez que intentaba leerlos, y me levanté despacio con el libro en la mano.
-¿Quieres que te consiga ese libro Angelo? Dame tres segundos - Marc desenvainó su espada
-Quiero que te vayas. ¡Ya!

Marc me miró una última vez a los ojos y desapareció.
Ángelo se sentó junto a una tumba y me sonrió.

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