El viento penetraba por las ventanas de la vieja mansión de la colina. Estaba situada en el claro más alto del bosque, apartada de la vista de curiosos. Solamente cinco personas conocían su existencia y tres de ellas yacían en el foso común del jardín junto al rosal.

Las pequeñas llamas de las velas danzaban al ritmo de las frías ráfagas del viento. El olor de la noche bañaba la habitación. Las fantasmagóricas sombras rodeaban al único habitante de la casa. Charles llevaba veinte años preparándose para su gran destino. Sus padres habían muerto cuando el tenía tan solo dos años y fue entonces cuando conoció la oscura leyenda de la casa de la colina. Dos días después del asesinato de sus padres Lucian se presentó en el orfanato, dijo ser su tío y se lo llevó. Fueron a la iglesia que ahora se encontraba a menos de cinco minutos de la casa si conseguías encontrar el sendero correcto. Lucian , como se dio cuenta Charles años después , había sido victima de su propia mente. Era el sacerdote del pueblo , una persona que conocía el ansía de sabiduría tan bien como Charles , pero que no podía calmar su deseo con simples libros , y eso fue lo que le llevó a donde estaba ahora , enterrado a diez metros bajo tierra con una herida en el pecho por donde su corazón , y a la vez su alma , fueron liberados un frío día de febrero.

Las oraciones que el sexto rezaba en voz baja retumbaban en la gran habitación. Ruidos extraños , como los de objetos que precipitadamente caen al suelo o son golpeados con premura para no dejar ningún rastro provenían del piso de arriba.
La voz de Charles se fue haciendo cada vez más alta ya qué el miedo empezaba a invadirlo y el único que podía salvarlo era la última persona viva que conocía la casa y Martin se encontraba a miles de kilómetros de distancia.
-Aún no. ¡No ha llegado aún mi hora!

Una ráfaga repentina de viento apagó la tenue luz de las velas y un silencio sepulcral se asentó en la casa.

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